El patrón que casi nadie cuenta al médico
La dificultad para tragar rara vez llega a consulta como tal. Llega disfrazada de costumbres: masticar mucho más de lo normal, acompañar cada bocado con agua, dejar la carne en el plato, ser siempre el último en terminar de comer, evitar ciertos restaurantes.
Son adaptaciones que se instalan tan despacio que dejan de percibirse como un problema. Y por eso el diagnóstico se retrasa años.
El episodio que suele desencadenarlo todo es una impactación: un trozo de comida que se queda detenido y obliga a acudir a urgencias.
Qué es la esofagitis eosinofílica
Es una enfermedad inflamatoria crónica del esófago, de base alérgica. Un tipo concreto de célula defensiva, el eosinófilo, se acumula en la pared del esófago y mantiene una inflamación que, con los años, endurece y estrecha el conducto.
Es hoy la primera causa de dificultad para tragar y de impactación alimentaria en adultos jóvenes, y su frecuencia ha aumentado de forma notable en las últimas dos décadas.
Por qué se confunde con reflujo
Los síntomas se solapan y muchos pacientes reciben antiácidos durante años. La diferencia es que aquí el problema no es el ácido, sino una inflamación alérgica. Y solo se ve tomando biopsias, aunque el esófago parezca normal a simple vista.
Señales que apuntan a este diagnóstico
- Sensación de que la comida se queda parada en el pecho, sobre todo con carne y pan
- Episodios de atragantamiento, alguno con visita a urgencias
- Necesidad de beber mucha agua o de masticar mucho para poder tragar
- Evitación de determinados alimentos sin haberlo decidido conscientemente
- Ardor o dolor torácico que no mejora con omeprazol
- Antecedentes personales o familiares de asma, rinitis o alergias alimentarias
Cómo se diagnostica
Solo hay una manera: una gastroscopia con biopsias del esófago, tomadas de varios niveles. El diagnóstico se confirma cuando se cuentan quince o más eosinófilos por campo de gran aumento.
Y aquí está el punto crítico: hasta en un tercio de los casos el esófago parece normal durante la endoscopia. Si no se toman biopsias, el diagnóstico se pierde y el paciente sale con un informe que dice que todo está bien.
El tratamiento funciona
Hay varias vías eficaces, y la elección depende de tu situación y tus preferencias, no de una regla fija.
- Inhibidores de la bomba de protones a dosis altas. Sencillo y eficaz en una parte de los pacientes
- Corticoides tópicos deglutidos. Formulaciones diseñadas para actuar en el esófago sin apenas absorberse
- Dieta de eliminación. Retirada escalonada de los alimentos implicados, con reintroducción controlada
- Tratamientos biológicos. Para casos que no responden a lo anterior
- Dilatación endoscópica. Cuando ya existe un estrechamiento establecido
Sea cual sea la vía, la respuesta debe comprobarse con una nueva endoscopia y biopsias. Encontrarse mejor no significa que la inflamación haya desaparecido, y es esa inflamación la que estrecha el esófago a largo plazo.
Por qué merece la pena no dejarlo pasar
Es una enfermedad con años de retraso medio entre el primer síntoma y el diagnóstico, y con un tratamiento que funciona bien cuando se aplica. Esa combinación es la que hace que el retraso sea especialmente lamentable.
Cuanto antes se controla la inflamación, menos probable es llegar a un esófago estrechado que requiera dilataciones repetidas.
Si te reconoces en el patrón de comer despacio, beber agua constantemente o evitar ciertos alimentos, merece la pena estudiarlo.