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Síndrome de intestino irritable

Síndrome de intestino irritable

Es el trastorno digestivo más frecuente y también el peor tratado. No es un cajón de sastre ni algo que haya que resignarse a llevar de por vida.

Qué es en realidad

El síndrome de intestino irritable es un trastorno de la interacción entre el intestino y el cerebro. El intestino se vuelve más sensible de lo normal y se mueve de forma descoordinada, lo que produce dolor abdominal que se relaciona con la defecación y cambios en la consistencia o la frecuencia de las heces.

Dos matices que cambian la manera de vivirlo. El primero: es un diagnóstico positivo, se hace por criterios clínicos bien definidos, no por descarte infinito. El segundo: que no se vea nada en una colonoscopia no significa que no pase nada. Los mecanismos son reales y medibles, y hay tratamientos que funcionan.

Lo primero: descartar lo que sí importa

Antes de asumir que es intestino irritable hay que verificar que no se está pasando por alto otra cosa. Y esto no requiere hacer todas las pruebas existentes, sino las que corresponden a tu caso.

  • Enfermedad celíaca, que se confunde con SII durante años con enorme frecuencia
  • Enfermedad inflamatoria intestinal, mediante calprotectina fecal
  • Alteraciones del tiroides y anemia, con una analítica sencilla
  • Colitis microscópica, en diarrea acuosa persistente, sobre todo en mujeres de mediana edad
  • Malabsorción de sales biliares, causa tratable y llamativamente infradiagnosticada
  • Intolerancia a la lactosa o a la fructosa, cuando el patrón lo sugiere

Señales que obligan a estudiar más a fondo

Pérdida de peso involuntaria, sangre en las heces, anemia, fiebre, síntomas que empiezan después de los 50 años, despertares nocturnos por el dolor o la diarrea, o antecedentes familiares de cáncer de colon o enfermedad inflamatoria. Ante cualquiera de ellas, el planteamiento cambia por completo.

Por qué es importante identificar tu subtipo

Meter a todos los pacientes en el mismo saco es el error más común, porque el tratamiento cambia radicalmente según predomine el estreñimiento, la diarrea o la alternancia entre ambos. Un fármaco que va bien en un subtipo puede empeorar claramente el otro.

A eso se añade el patrón individual: si el dolor manda sobre todo lo demás, si el problema principal es la urgencia, si empeora en épocas concretas. De ahí sale un plan que se parece a tu caso y no a un protocolo genérico.

Qué funciona de verdad

  • Intervención dietética estructurada. La dieta baja en FODMAP funciona, pero debe hacerse por fases y acompañada, con una reintroducción ordenada. Mantenerla de forma indefinida y por cuenta propia empobrece la alimentación y altera la flora intestinal
  • Tratamiento del síntoma dominante. Espasmolíticos para el dolor, y fármacos específicos según predomine el estreñimiento o la diarrea
  • Neuromoduladores a dosis bajas. No se recetan porque el problema sea psicológico, sino porque actúan sobre la hipersensibilidad visceral. Es una de las herramientas más eficaces y peor explicadas
  • Terapias dirigidas al eje intestino-cerebro. Con evidencia sólida en los casos que no responden a lo anterior
  • Revisión de la medicación habitual. Algunos fármacos de uso frecuente perpetúan los síntomas sin que nadie lo relacione

Cómo trabajo esta consulta

Con una idea que no siempre gusta oír: hacer menos pruebas y pensar más. En intestino irritable, la tentación es encadenar exploraciones cada vez más caras buscando algo que casi nunca aparece, mientras el paciente sigue igual y cada resultado normal aumenta su angustia.

Lo que hago es distinto. Descarto de forma dirigida lo que hay que descartar, te explico qué está pasando en tu intestino y por qué, y construimos un plan por escrito con pasos concretos y un momento definido para revisar si funciona. Sin listas interminables de alimentos prohibidos y sin suplementos sin respaldo.

Preguntas frecuentes
¿Es algo psicológico?
No. El estrés puede desencadenar o agravar los síntomas, igual que ocurre en el asma o la migraña, pero los mecanismos son físicos y comprobables: hipersensibilidad visceral, alteración de la motilidad y cambios en la microbiota. Decirle a un paciente que son nervios es un diagnóstico fallido, no una explicación.
¿Tengo que hacerme una colonoscopia?
No en la mayoría de los casos. Está indicada si hay señales de alarma, si los síntomas empiezan después de los 50 años o si hay antecedentes familiares relevantes. Sin esos factores, una analítica bien elegida y la calprotectina fecal aportan más que una endoscopia.
¿Sirven los test de intolerancias alimentarias que se anuncian?
Los test de IgG frente a alimentos no tienen validez científica y las sociedades científicas desaconsejan su uso. Detectan exposición, no intolerancia, y llevan a dietas restrictivas innecesarias. Las intolerancias reales se estudian con pruebas concretas y validadas.
¿Se cura?
Es un trastorno crónico que cursa en fases, pero se controla muy bien. La mayoría de los pacientes bien tratados pasan de organizar su vida alrededor del intestino a tener síntomas leves y ocasionales. Ese es el objetivo realista y es perfectamente alcanzable.

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