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Distensión abdominal

Hinchazón abdominal: qué pruebas sirven y cuáles no

Es el síntoma digestivo más frecuente y el que más dinero hace gastar en pruebas y suplementos innecesarios. Merece la pena separar lo que ayuda de lo que solo genera factura.

Casi nunca es «exceso de gas»

Es la explicación que más se escucha y una de las menos exactas. La cantidad de gas en el abdomen de una persona con distensión suele ser normal.

Lo que falla es otra cosa: cómo se distribuye ese gas, con qué eficacia lo transporta el intestino y con qué intensidad lo percibe. Por eso los tratamientos dirigidos solo a «eliminar gases» funcionan tan poco.

Hinchazón y distensión no son lo mismo

La hinchazón es la sensación de presión o plenitud. La distensión es el aumento real y visible del perímetro abdominal, esa tripa que crece a lo largo del día. Muchos pacientes tienen ambas, pero distinguirlas orienta bastante el diagnóstico.

Lo que sí hay que descartar

Antes de etiquetar nada conviene comprobar unas cuantas causas concretas, porque varias tienen tratamiento específico.

  • Síndrome de intestino irritable, la causa más frecuente con diferencia
  • Estreñimiento, que a menudo el paciente no reconoce como tal
  • Enfermedad celíaca, que se confunde con esto durante años
  • Intolerancia a la lactosa o a la fructosa, cuando el patrón lo sugiere
  • Sobrecrecimiento bacteriano intestinal, en casos seleccionados
  • Disinergia abdominofrénica, un reflejo descoordinado del diafragma y la pared abdominal
  • Alteraciones del vaciamiento gástrico

Esa penúltima merece una mención: explica muchas distensiones llamativas, tiene tratamiento con rehabilitación respiratoria y postural, y es prácticamente desconocida fuera del ámbito especializado.

El SIBO: existe, pero no es lo que se ha contado

El sobrecrecimiento bacteriano intestinal es real y se trata. El problema es cómo se ha convertido en una etiqueta de uso generalizado.

El test del aliento tiene una tasa notable de falsos positivos. Usado como cribado a todo el que tiene la tripa hinchada, produce muchos diagnósticos que no lo son, y con ellos ciclos de antibiótico innecesarios.

Tiene sentido estudiarlo cuando hay motivos concretos: alteraciones conocidas de la motilidad, cirugías abdominales previas, diarrea con datos de malabsorción o determinados fármacos de uso prolongado.

No tiene sentido pedirlo de entrada a todo el mundo, ni repetirlo cada pocos meses, ni encadenar tratamientos sin revisar el diagnóstico de fondo.

Los test que no sirven para decidir

Aquí conviene ser claro, porque es donde más se aprovecha la desesperación de los pacientes.

  • Test de IgG frente a alimentos. No tienen validez para diagnosticar intolerancias y las sociedades científicas desaconsejan su uso. Detectan exposición, es decir, que has comido ese alimento
  • Test de intolerancias por muestra de pelo o por métodos similares. Sin base científica
  • Análisis comerciales de microbiota. Interesantes en investigación, pero hoy no permiten tomar decisiones clínicas individuales

El criterio que aplico

Indico una prueba cuando su resultado va a cambiar lo que hacemos, y no antes. Si un test no modifica el tratamiento, lo único que aporta es factura y ansiedad.

El problema de las dietas que se van estrechando

Un patrón que veo a menudo: el paciente retira un alimento, mejora unos días, vuelve la hinchazón, retira otro, y así durante meses. Al cabo de un año come seis cosas y sigue igual.

Las intervenciones dietéticas funcionan, pero por fases y con reintroducción ordenada. Mantener una dieta restrictiva de forma indefinida y por cuenta propia empobrece la alimentación, altera la flora intestinal y añade un problema nuevo al que ya había.

Si has llegado a un punto en el que la comida se ha vuelto una fuente de preocupación constante, conviene decirlo en consulta. Es más frecuente de lo que parece y cambia el planteamiento.

Qué sí se puede hacer

  • Identificar y tratar la causa concreta, que casi siempre existe
  • Corregir el estreñimiento de fondo, que es lo que más rápido mejora la distensión
  • Intervención dietética por fases, acompañada y con reintroducción
  • Tratamiento antibiótico dirigido cuando el sobrecrecimiento está realmente confirmado
  • Rehabilitación respiratoria y postural en la disinergia abdominofrénica
  • Fármacos para la hipersensibilidad visceral cuando el componente principal es la percepción

Por qué merece la pena revisarlo con calma

A esta consulta llega mucha gente agotada: años de dietas cada vez más estrechas, test caros que no llevaron a ningún sitio y suplementos encadenados, con la sensación de que nadie se ha tomado en serio algo que condiciona su día a día.

Casi siempre hay una explicación identificable y un tratamiento con sentido. Y casi siempre implica hacer menos cosas, no más.

Si llevas tiempo con hinchazón y has ido acumulando pruebas y dietas sin un diagnóstico claro, merece la pena revisar el caso desde el principio.

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