Lo primero: comprobar que el resultado es fiable
Antes de asumir que el tratamiento ha fallado conviene descartar algo que ocurre con más frecuencia de la que parece: que la prueba de comprobación esté mal hecha.
El test del aliento tiene dos condiciones que se incumplen a menudo. Debe realizarse al menos cuatro semanas después de terminar los antibióticos, y con el omeprazol o cualquier otro inhibidor de la bomba de protones suspendido las dos semanas previas.
Si se hace antes, o tomando protector, el resultado puede salir falsamente negativo. Y al revés: repetirlo demasiado pronto puede dar positivo por restos de bacteria que aún no se han eliminado.
Antes de dar nada por fallado
Comprueba cuánto tiempo pasó entre el fin del tratamiento y la prueba, y si estabas tomando omeprazol. Es el primer error que descarto en consulta, y resuelve una parte de los casos sin necesidad de tratar de nuevo.
Por qué falla realmente
Cuando el resultado sí es fiable, las causas son bastante concretas.
- Resistencia a los antibióticos. Es la principal. En España la resistencia a claritromicina y a levofloxacino es elevada, y una pauta que no lo tenga en cuenta parte con desventaja.
- Pautas cortas o a dosis insuficientes. Los tratamientos de siete días han quedado atrás. Hoy se emplean pautas más largas y con dosis más altas de antisecretor.
- Abandono del tratamiento. Los efectos secundarios son frecuentes y no siempre se avisa de ello. Dejar la pauta a los cuatro días equivale a no haberla hecho.
- Haber tomado antes esos antibióticos. Un ciclo de claritromicina por una bronquitis años atrás puede haber seleccionado resistencias.
- Tabaquismo. Reduce de forma medible la probabilidad de erradicación.
Qué hacer después de un primer fracaso
La regla es sencilla y se incumple constantemente: no se repite el mismo tratamiento. Las probabilidades de que funcione a la segunda con los mismos antibióticos son bajas, y además se acumulan resistencias.
El segundo intento debe elegirse en función de lo que ya se ha tomado. Por eso, cuando alguien viene a consulta por este motivo, lo primero que pido es el detalle exacto: qué antibióticos, a qué dosis y durante cuántos días. Es información que casi nadie trae, porque casi nadie se la ha pedido.
Con eso sobre la mesa se elige una pauta de rescate que no repita los antibióticos previos y que tenga en cuenta las alergias.
Cuando han fallado dos o más tratamientos
A partir del segundo o tercer fracaso deja de tener sentido seguir probando a ciegas. Es el momento de estudiar directamente a qué es sensible tu bacteria.
Eso se hace mediante una gastroscopia con toma de muestras para cultivo y antibiograma, o mediante estudio molecular de resistencias. El tratamiento se elige entonces con un dato objetivo, no por descarte.
La comprobación no es opcional
Todo tratamiento debe confirmarse con una prueba posterior, respetando los plazos. Un tratamiento sin comprobación es un tratamiento a medias, y es la razón por la que muchos pacientes creen estar curados sin estarlo.
Y si al final no se erradica
Ocurre en una minoría de casos. Llegado ese punto, la decisión deja de ser automática y pasa a valorarse individualmente: pesan la edad, los síntomas, los antecedentes familiares de cáncer gástrico y los hallazgos de la gastroscopia.
En algunos pacientes se sigue intentando; en otros, la actitud correcta es el seguimiento. Lo que no tiene sentido es encadenar ciclos de antibióticos indefinidamente sin un plan detrás.
Si has hecho uno o varios tratamientos y sigues positivo, merece la pena revisar el caso desde el principio antes de volver a tratar.